La dignidad es una cualidad inherente al ser humano, solo por existir, el ser humano es digno y merece ser tratado con dignidad. La dignidad de una persona como paciente consiste en ser merecedor de tener el 100 por 100 de tu atención como profesional, de tu mirada, tus cuidados, los tuyos y los de los entornos sanitarios donde se mueve. Esto dicho así parece obvio, pero sin embargo en la medicina deshumanizada y publica en la que trabajamos muchos no se cumple en la mayoría de las ocasiones, se ven a muchos pacientes abandonados en la observación solos, ancianos que son llevados a hacer pruebas con el camisón sin atar sin poder mantener ni esa mínima intimidad y control sobre su cuerpo. La dignidad se ha delegado a un segundo plano a pos de la medicina tecnificada y farmacológica.
La terapia de la dignidad o en la dignidad fue ideada por Harvey Max Chochinov, un psiquiatra habituado a trabajar con pacientes terminales. Este se da cuenta en consulta que algunos pacientes afrontan la muerte con entereza y otros se desmoronan y trata de encontrar las diferencias viendo que los primeros estaban conectados con su propia dignidad y la muerte digna.
Consiste en afrontar la angustia psicosocial del paciente y familiares viéndola y aceptándola, tratando al paciente como un ser humano no como un paciente, y usando un protocolo de preguntas para recopilar un documento en el cual el paciente pueda explicar y reconectarse con los acontecimientos importantes de su vida, que quedarán como legado para sus familiares, y en el que el podrá hacer un cierre de su vida, dándose cuenta de lo bueno y malo que ha ocurrido y pueda sentir agradecimiento por haber vivido. Este documento que se hace en consulta, entre terapeuta y paciente, será también una herramienta para sus familiares, para él, para leerle y para sentirle presente, lo cual aliviara el duelo.
El abcd de la terapia de la dignidad es:
- Actitud: Reflexionar acerca de nuestra actitud ante mi paciente y como querría yo ser tratada en esa situación.
- Behaviour o comportamiento: Interesarnos por el ser humano que hay en nuestro paciente. Que le gusta, que lee, que piensa de la vida y su enfermedad.
- Compasión: Empatía profunda por su sufrimiento junto con deseo de ayudarle y aliviarle en la medida de los posible compartiéndolo.
- Diálogo: Hablar con él, conocerlo, aprender de él, escucharle, darle tiempo tu tiempo y tu mirada
Es fundamental en mi opinión volver a recuperarla para hacer una medicina y una terapia humana y humanista, pero en los cuidados paliativos esto cobra mucha más importancia. El paciente terminal o en cuidados paliativos en general, tiene un deterioro físico o mental tan grande, que ha perdido a lo largo de la enfermedad devastadora, sus características físicas corporales, que le conectan con su parte más humana, su cuerpo y la sociedad. Las mujeres con cáncer de mama han perdido el pecho, los pacientes oncológicos han perdido quizás 20 kilos, no tienen grasa, ni pelo no se reconocen o están hinchados por los corticoides, en el caso de los pacientes neurológicos también además, se pierde la independencia, la capacidad de valerse por sí mismo, y es en estas circunstancias cuando, más necesita el paciente y la familia que nosotros les veamos, les miremos, miremos ese cuerpo, esa cara, con amor de frente con serenidad acogiendo lo que está sucediendo, sus miedos, su angustia, sus emociones, lo que sea que quiera transmitirnos y compartir, sin mirar a otro lado , sin negar lo que sucede.